Capitán de Corbeta Elías AGUIRRE Romero

Vicealmirante Reynaldo PIZARRO Antram Este valeroso marino nació en Chiclayo el 1° de octubre de 1843, sus padres fueron Carlos Aguirre y María Candelaria Romero. Las primeras letras las aprendió en su ciudad natal, y a los diez años, sus padres lo enviaron a Lima para seguir sus estudios en la capital bajo la tutela de sus tíos José y Manuel Romero.

Antes de cumplir los 15 años ingresa en la Escuela Naval Militar, el 7 de junio de 1858. En 1860, egresando como Guardiamarina, es destinado a servir en la fragata “Amazonas”. Durante cuatro años realiza sus prácticas profesionales en diversos buques de la escuadra, el 20 de enero de 1864 obtiene el grado de Alférez de Fragata. Oficial serio, competente, responsable, cordial y caballeroso, alcanzó sus grados inmediatos sin interrupción.

Obtuvo el grado de Teniente Segundo efectivo el 23 de noviembre de 1865. Al año siguiente, el conflicto con España se agudiza con la Revolución de Arequipa y las acciones bélicas entran en una fase crítica. Para enfrentar a la poderosa escuadra española, el gobierno manda a construir en Inglaterra dos blindados, el “Huáscar” y la “Independencia”, que ya estaban en viaje al Perú. El resto de la escuadra se envió a Chile, para reunirse con ellos y presentarse unida para el encuentro final con la flota española. A la poderosa escuadra peruana debían agregarse las dos únicas naves chilenas: goleta “Virgen de Covadonga” y corbeta “Esmeralda”.

La División Naval peruana, que salía del Callao rumbo al sur, estaba constituida por las fragatas “Apurímac” y “Amazonas” y las corbetas “Unión” y “América”. Al mando de esta fuerza está el Capitán de Navío Manuel Villar, que llega con su escuadra a Chile y se une a las dos naves chilenas al mando del Capitán de Navío Juan Williams Rebolledo, que por ser más antiguo que Villar, asume el mando general de la flota unida. La escuadra española, al tener información sobre estos movimientos de la escuadra aliada, envía al sur dos de sus fragatas, “Villa de Madrid” y “Blanca”, con el fin de desbaratar estos aprestos bélicos.

La escuadra aliada escoge la rada de Challahué, cerca de la isla de Abtao, para esperar a las naves enemigas. El 7 de febrero tuvo lugar el memorable combate de Abtao. La escuadra aliada está al mando de Villar, pues días antes, Williams Rebolledo tuvo que dirigirse a Valparaíso en la “Esmeralda”. Después de un rudo cañoneo las naves españolas tuvieron que abandonar el campo ante la imposibilidad de batir a las naves peruanas que habían elegido una excelente posición defensiva. En este combate encontramos al Teniente Aguirre en la dotación de la “Unión”, a la sazón comandada por el entonces Capitán de Corbeta Miguel Grau. Elías Aguirre tenía a su cargo las baterías de la corbeta, y su desempeño fue sobresaliente dirigiendo con eficacia y energía el fuego de su nave.

Por su valiente y digno comportamiento en acción, Aguirre fue ascendido a Teniente Primero, se le otorgó medalla conmemorativa y el título de “Benemérito de la Patria”. Iguales distinciones se otorgó a los jefes y oficiales que participaron en el combate.

La estadía de la escuadra peruana en Chile se prolongó y tuvo consecuencias negativas. Mostró la animosidad de nuestros aliados de entonces, que crearon situaciones conflictivas, por no decir agresivas, que el tino y ponderación de nuestros jefes evitó que tomaran mayores proporciones Así, el 16 de enero de 1866 la fragata “Amazonas”, que paseara el pabellón peruano alrededor del mundo, al tomar uno de los canales para dirigirse a Abtao se varó en Punta Quilpué y se perdió totalmente. Estaba a órdenes del práctico chileno Errázuriz, que eligió el canal más estrecho y peligroso. Meses después, la corbeta “Unión” fue cañoneada desde tierra con los mismos cañones salvados de la “Amazonas”, colocados en baterías improvisadas. Por fortuna la corbeta no fue tocada, y se dijo como excusa que fue un error de los artilleros, que confundieron a la nave peruana con una enemiga.

Al concluir la guerra, el gobierno contrató los servicios del Contralmirante estadunidense John Tucker, para asumir el mando de nuestra escuadra e iniciar una campaña marítima sobre las islas Filipinas, donde aparentemente se habían refugiado las naves españolas. Este nombramiento resultó ofensivo al prestigio y honor de nuestros experimentados y eficientes mandos navales, cuya protesta no se hizo esperar. Esta se tradujo en una renuncia colectiva. El gobierno actuó drásticamente: aceptó las renuncias y envió al transporte “Chalaco” llevando los relevos con órdenes de conducir presos a los rebeldes para ser enjuiciados. Estos, luego de una dilatada prisión preventiva en la isla San Lorenzo, recibieron la sentencia, intimidatoria antes que efectiva, atendiendo al prestigio de muchos de los afectados; casi todos, como Elías Aguirre, fueron absueltos y reincorporados al servicio.

Al año siguiente el Perú adquirió en los EE.UU. dos monitores fluviales, bautizados con los nombres de “Atahualpa” y “Manco Cápac”, construidos para operar en el río Mississippi y no en mar abierto. Lentos, pesados y sin quilla, tuvieron que hacer el viaje desde Nueva Orleáns al Callao a remolque. La cubierta principal sobresalía de la superficie apenas 12 pulgadas, por lo cual las escotillas y tomas de aire debían permanecer continuamente cerradas durante la navegación, haciendo de las condiciones de navegabilidad un sacrificio.

Aguirre fue nombrado a la dotación del “Manco Cápac” y él efectuó todo el azaroso viaje en las condiciones más adversas. Solamente la gran capacidad profesional y la inquebrantable voluntad de las tripulaciones pudieron culminar con éxito uno de los más increíbles viajes de la historia naval, que duró 15 meses. Al llegar a Río de Janeiro se une al convoy la corbeta “Unión”, y allí Aguirre se entera de su ascenso a Capitán de Corbeta. Luego fue nombrado Segundo Comandante del “Manco Cápac”, poco después pasa a la “Unión” en el mismo cargo. Durante el viaje, Aguirre tradujo al inglés el “Derrotero del Estrecho” del capitán R.C. Maine, trabajo meritorio que fue publicado en el diario “El Peruano” a su retorno a la patria.

Al llegar al Callao, la corbeta “Unión” es enviada a Inglaterra para su carena y reparación. Va como Comandante Nicolás del Portal y Aguirre como su segundo. La navegación hasta Greenhite (Inglaterra) se efectúa en gran parte a vela, adquiriendo sus tripulaciones excelente práctica en ese tipo de navegación. La estadía en Inglaterra duró más de año y medio; zarparon del Callao en setiembre de 1871 y regresaron el 11 de julio de 1873.

Terminado este largo viaje, Aguirre es nombrado Sub Director de la Escuela Naval. En adición a sus funciones tiene a su mando a la cañonera “Chanchamayo”, nave en la que realizan sus prácticas efectivas en el mar los alumnos de la Escuela de Grumetes.

El excelente estado de preparación de la nave; la pulcritud, aseo y disciplina de sus tripulantes, denotan las especiales virtudes de su comandante. Infortunadamente en uno de los numerosos viajes por la costa norte la nave, impelida por vientos favorables de popa, avanzó rápidamente varándose totalmente en plena rompiente cerca de la Punta de Falsa Aguja. La proximidad de la noche y la falta de medios de rescate decidieron la irremisible pérdida del buque. Aguirre, después de infructuosos esfuerzos, logró salvar a su gente y parte del equipo de la cañonera, y tuvo que afrontar las graves consecuencias del desastre.

Con la entereza y nobleza de su carácter, asume plenamente sus responsabilidades, exime a sus oficiales y subalternos de toda culpa y se presenta notablemente para recibir sobre sus hombros todo el peso de la ley. Su prestigio y bien ganada fama de brillante oficial influyen en el ánimo del consejo de guerra, y Aguirre es solamente separado del servicio por dos años. No temió comparecer ante el Consejo; aguardó sereno el veredicto. En el corto lapso que permanece en esta condición, fue solicitado para navegar en los buques de la Compañía del Guano.

Al declararse la guerra con Chile, Aguirre se presenta para ofrecer sus servicios. Es nombrado a la dotación de su antiguo buque, la “Unión”, en abril de 1879, como mayor de órdenes del comandante Aurelio García y García. Participa en las capturas de la fragata “Adelaida Rojas”, la barca “Adriana Luisa” y el transporte “Rímac”. El 28 de julio de 1879 es trasladado al “Huáscar” como Segundo Comandante a solicitud del Almirante Grau. Durante agosto y setiembre lo acompaña en sus osados ataques a Antofagasta y puertos chilenos, hasta que llega Angamos, epopeya en la que alcanza el cenit de su fama.

En la memorable mañana del 8 de octubre, el enemigo ha preparado convenientemente los pesados cañones de sus blindados para que a muy corta distancia disparen sobre la torre de combate del “Huáscar”, lugar donde saben que se encuentra Grau. Así pues, a pocos minutos de iniciado el combate, el Almirante Grau y su ayudante el Teniente Ferré mueren víctimas de la explosión de los proyectiles que perforan la torre y explotan en el interior. El Capitán de Fragata Melitón Carvajal avisa a Elías Aguirre que el Almirante ha muerto y debe asumir el mando del monitor.

De inmediato Aguirre ocupa el puesto de Grau. Restablecido el gobierno del buque, sabiendo perdida su nave y con los buques enemigos atacando por todos los sectores del horizonte, ensaya un último recurso: el uso del espolón. Ordena rumbo de colisión sobre su más cercano perseguidor, el “Cochrane”. El “Huáscar” con sus máquinas lanzadas a toda velocidad, enrumba sobre la nave enemiga, que se ve obligada a maniobrar para librarse del ataque, pasando a escasos metros de la popa del buque enemigo. Sobreviene entonces el fatal desenlace: Aguirre perece en este combate, al igual que el Almirante Grau y el Teniente Ferré, quienes cumplieron con su deber hasta el último momento.

El 25 de octubre de 1879 el Congreso legisla a favor de los deudos de los mártires del “Huáscar”. El 28 de mayo de 1880 se les condecora con la “Cruz de Acero de la Legión del Mérito” y en 1886, un Decreto Supremo dispone que los héroes de Angamos pasen como presentes en las listas de revistas del buque insignia que llevará el nombre del Almirante Grau.

Sus restos reposan en la Cripta de los Héroes, en uno de los sarcófagos de mármol de la nave principal, al lado de los que guardan los restos de Grau, Cáceres, Carvajal, Bolognesi y Recavarren.