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Comandancia de Fuerzas de Operaciones Especiales

Capaces de lograr con éxito excepcionales misiones que lindan con lo imposible, los Operadores Especiales de la Marina emulan a sus osados antecesores el Alférez de Fragata Carlos Bondy principal protagonista de la voladura del buque chileno Loa el 3 de julio de 1880 en el Callao y el Alférez de Fragata Decio Oyague, quien ejerció idéntico rol el 13 de setiembre de 1880, al volar la Covadonga en aguas de Chancay.

Ambas acciones se ejecutaron en circunstancias en que esas naves chilenas bloqueaban nuestros puertos lo que no impidió que en tan adversas condiciones, los marinos peruanos echaran a pique el Loa y la Covadonga muriendo casi el íntegro de sus dotaciones. Debe recordarse que fueron buques que conformaron la fuerza que emboscó al Huáscar el 8 de octubre de 1879 en Angamos.

Los cimentados valores humanos, fortaleza física y mental, capacidad para seguir un entrenamiento superior y sin restricciones en nuestros combatientes los distingue como guerreros de mar, aire y tierra.

Las Operaciones Especiales tienen su origen en 1969 con la creación de la Escuela de Demolición Submarina a fin de darle un misionamiento de combate al buzo, operan en pelotones contra los más difíciles y sofisticados enemigos.

Es por su profesionalismo que son conscientes de que su presencia en los planeamientos navales es una trascendental opción para el futuro y de que «el hombre es el arma» que se enfrenta constantemente a la muerte actuando ya sea como comando, buzo, paracaidista, saboteador y agente de inteligencia.

Entre las misiones que realizan en el ámbito anfibio figuran operaciones de infiltración de largo alcance desde submarinos o embarcaciones de diversos tamaños, espionaje, asaltos y sabotajes a embarcaciones fondeadas o navegando e instalaciones portuarias. Llevan a cabo limpieza de playas, voladura de obstáculos submarinos, inspección de cascos de unidades navales y recuperación de objetos en el fondo marino.

En el aire, realizan saltos comandados y operacionales a gran altura (30,000 pies HAHO HALO) que les permite insertarse en las líneas enemigas empleando paracaídas que les permiten operacionalmente gran capacidad de penetración. Saltos en caída libre, lanzamientos de botes completamente equipados (Rubber Duck) y de carga en general, son actividades rutinarias de los operadores especiales.

En tierra, desarrollan operaciones de reconocimiento de objetivos estratégicos, de destrucción, emboscadas, búsqueda y rescate de rehenes, operaciones contrasubversivas en áreas urbanas y rurales, voladura de obstáculos tanto terrestres y submarinos con todo tipo de explosivos. Asimismo cuentan con una unidad de desactivación de explosivos cuyo personal es especialista en la detección, desactivación y disposición de bombas y artefactos explosivos improvisados y proyectiles no detonados.

Se suma a la excelente fortaleza sicofísica del combatiente, moderno armamento y equipos de última generación: visores nocturnos, sistemas de comunicaciones submarinas, scuters, telémetros lacéricos, posicionadores GPS, binoculares estabilizados, navegadores por satélite, equipos de radio acuáticos, miras telescópicas: diurnas y nocturnas, computadoras para buceo, localizadores de pines, sonares, equipos para saltos operacionales a gran altura (HAHO HALO 30,000 pies), paracaídas comandados, de línea estática, equipos de tamdem y para lanzamiento de Rubber Duck, entre otros que complementan la capacidad física del hombre.

Su presencia se hace efectiva a través de los Grupos de Operaciones Especiales Centro, Norte y Nor-Oriente, a través de sus pelotones de combate, la Estación de Operaciones Especiales -como apoyo logístico- y el B.A.P Unanue que actúa como unidad de rescate en las acciones de salvamento y buceo que se requieran.

Son los OES, guerreros de mar, aire y tierra, quienes al asumir su deber prefieren la victoria antes que el retorno, así lo imprime su filosofía de vida, que la describen así en este concepto:

«Entrenamos día y noche, en las peores condiciones, acompañados sólo por nuestra moral y el obsesivo deseo de que llegue la hora de la verdad para probarnos a nosotros mismos de que todo este sacrificio valió la pena, demostrando que este grupo de hombres de élite, a veces incomprendido, tenía un poco de razón y que todo lo que hacemos es porque nos gusta nuestro trabajo... arriesgar la vida a cada minuto lo hace más interesante y místico a la vez... Señor, te ruego nos recojas luego de haber cumplido con nuestra misión... Y después de la victoria, hermano FOE nos vemos en el cielo».